SAN ANTONIO, NIEBLA COMUNERA

(Por Antonio Trujillo)

Conocida es por tanta escritura la fecha y fundación de San An­tonio de los Altos, el 1° de ma­yo de 1683. Basta leer “Una Tierra llamada Guaicaipu­ro”, de Lucas Guillermo Cas­tillo Lara, investigador a quien tanto debe el país cuando de historia se trata. En lo referente a esta región la deuda se extiende sobre el nacimiento de múltiples pue­blos, donde litigios, toponi­mias, fechas, oralidad y una prosa asistida por un Dios benévolo, en el afán y logro de una poesía primitiva por cristiana, en la que a veces se olvida la propia historia, para rezar sobre las colinas blancas de su conciencia.

Lucas Guillermo no es el cronista de un pueblo, tam­poco de una ciudad: es el cro­nista de un país. Convencido de su destino supo andar por el ocre mundo de los archi­vos, al hurgar fechas, nom­bres y tierras, sembrando ese gentilicio que la mínima aldea pide cuando desea ca­minar hacia el futuro. A San Antonio de los Altos le devol­vió su nombre indígena, Gulima, y su partida de naci­miento como “pueblo de es­pañoles” fundado por cana­rios “blancos de orilla”; los nombres de Diego de Meló Maldonado, Gobernador y Capitán General de Venezue­la y Juan Mijares de Solórzano y Monasterios, primer Marqués de Mijares, unidos a los de aquellos primeros pobladores de San An­tonio de Medinaceli.

Según Castillo Lara la partida oficial de nacimien­to de San Antonio consta de una carta que Meló de Maldonado escribiera al Rey el ocho de febrero de 1684.

“Eran tierras de Juan Mi­jares de Solórzano, que an­tes fueron del alférez Juan de Guevara, quien las com­pró al alférez Marcos Pereira, y éste a la vez adquiere de Don Juan Ibarra las mis­mas tierras de Los Arbacos y Teques, de Terepaima y Guaicaipuro”.

Sobre esa historia inician la suya los Comuneros; ésta sería de labranza, abaste­ciendo a Caracas y a su en­torno de trigo, enea, carbón, café, hortalizas, naranjas y flores.

De esta génesis se des­prenderían litigios entre los mismos comuneros y adve­nedizos, quienes al no enten­der el sentido comunitario de las tierras, que niega la propiedad individual de las mismas, llenaron no pocos archivos de quejas y posesio­nes falsas, por ser contra­rias a los principios que re­gían la Comunidad. Luego, a fines del siglo XIX y comien­zos del XX, una figura jurídi­ca llamada Redención contri­buiría a desdibujar aquellos estatutos que durante dos si­glos fueron sagrados ante Dios y unos Hombres que nunca buscaron oro en la tie­rra de los lirios.

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Acerca de Rieles y neblinas

Historiador, Cronista del Municipio Guaicaipuro, tallerista y estudioso de la historia local.
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