Brevísimo recuento de la historia de Los Teques (II)

(Por Manuel Almeida Rodríguez)

Diez años después de que los poblados de Los Teques fuese erigido como Cantón en 1853, estos fueron el escenario en abril de 1863 de a Batalla de Los Altos de Guaicaipuro. Fue una victoria para Antonio Guzmán Blanco contra los conservadores, en combates tan intensos que provocaron El tratado de Coche y la consecuente victoria de la federación en Venezuela.

Al finalizar la guerra el cabildo de Guaicaipuro construyó nuevas carreteras hacia Aragua y Caracas. y se inició un afán modernista que desembocó en la inauguración, en 1891, del Gran Ferrocarril Venezuela (Tren alemán), pues estos eran los principales accionistas de dicha empresa de transporte . A partir de esa fecha se consolidó la vida del pueblo en torno al Tren y sus viajeros.

A principios del Siglo XX La rebelión de Los Banqueros, liderizada por Manuel Antonio Matos, tuvo un fuerte apoyo del Ferrocarril que, dirigido por Gustav Knoop hasta 1923, saboteaba las comunicaciones del gobierno. Entonces el Presidente Cipriano Castro se mudó a La ciudad y la convirtió temporalmente en su base de operaciones. Desde allí comenzó a ser un lugar apetecible para la gente cercana al presidente. Este interés se mantuvo en la era de Juan Vicente Gómez y su sucesor Eleazar López Contreras.

La relación con Caracas y el clima saludable hicieron de estas calles transitó frecuente para Artistas, empresarios y políticos nacionales e internacionales de renombre. También había un espacio para el comercio. Todo devino en que la ciudad fuese decretada el 13 de febrero de 1927 como la Capital del Estado Miranda y sede del gobierno regional.

El reajuste urbanístico de la Capital llevó algunos años. Sin que este concluyera recibimos la segunda parte del siglo XX. Ahí fuimos una ciudad de furias e irreverencia. La crisis del sistema tuvo en Los Teques uno de sus epicentros y la insurrección estaba en cada esquina y costó algunas muertes y muchas heridas.

Junto a ellos y ellas debemos enredarnos amorosamente en una identidad nuestra, recomponer las calles de día y de noche, hablar de la poesía de nuestro tiempo, inundar de teatro las plazas y los bebederos. Es imperativo atornillarnos en el sueño de ser tequeños, no importa que sea ciudad o pueblo. Podemos lograrlo si nos apropiamos de nuestro pasado, con crítica, resabios, con subjetividades, diciendo ¡Eche! a las malas consejas que nos alejan de lo que somos: La Nueva Nación Teque.

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Acerca de Rieles y neblinas

Historiador, cronista de barrio, tallerista y estudioso de la historia local.
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