Más sobre el Cine en Los Teques.

Por: Manuel Almeida Rodríguez.

Cuando inició la década de los años 40, el Teatro López, primero de la ciudad, cerró sus puertas al público. Entonces el Cine “Apolo” por diferencias entre , ubicado  en el Llano de Miquilén quedó como bastión solitario del cine tequeño y se mantuvo así por varios años. Esto cambió cuando fue fundado el Teatro Guaicaipuro en la calle Ribas, una cuadra con importantes espectativas de comercio y que recibía a los Feligreses de la catedral San Felipe Neri  o visitantes de los edificios del poder público o paseantes cotidianos de la plaza Bolívar. El “Guaicaipuro” fue el primer edificio construido en la ciudad especialmente para ser cine y coronó esa pequeña zona comercial del sector de “El  pueblo” con una marquesina de aspecto cosmopolita. Ya desde el año 44 la prensa local –y alguna prensa caraqueña– reseñaban los avances en la construcción del “Teatro perfecto” como lo llamaban. Los dueños del lugar eran: Carlos Iturriza Guillén, Enrique Vidal, Genaro Lobo, Ernesto Landa, Alfonzo Vidal, Rafael Yánez y  María Lobo de Ojeda. Luego la sociedad hipotecó el negocio en 1945 al empresario Local Pedro Russo Ferrer.

El teatro se inauguró el 07 de marzo de 1946, La decoración estuvo a cargo de José Pirrone, empresario del famoso Teatro Coliseo de Caracas, y contaba con 1000 asientos entre patio y balcón. Las proyecciones comenzaron de manera pomposa con la Película: “Las campanas de Santa María”, dirigida por Leo Mc Carey, con Ingrid Bergman y Bin Crosby. A esta obra siguieron proyecciones de los más importantes estrenos internacionales, incluso fue el lugar de proyección del séptimo arte europeo en las temporadas de festivales franceses e italianos

Por esa época, y  cerca del Guaicaipuro, Miguel Gordils inauguró el “Teatro Principal”, que luego se llamó Cine Canaima cuando cambió la sociedad administradora. Posteriormente, en 1952, se fundó el último cine en las inmediaciones del Pueblo, que fue el “Teatro Lamas”. Este pertenecía a la iglesia pero al poco tiempo una administradora privada lo asumió con concesiones de entradas y funciones religiosas especiales. Durante mucho tiempo cada uno de ellos trató de definir un estilo propio más que una competencia de carteles. Así el “Guaicaipuro” era apreciado como un cine Familiar y de festivales un poco más costoso. Por su parte el Canaima se especializaba su en películas tipo B, mientras qie el Lamas Era una alternativa de tipo familiar/religioso. Así la ciudad vio en sus cines la construcción cultural del Espacio Urbano tequeño.

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Acerca de Rieles y neblinas

Historiador, cronista de barrio, tallerista y estudioso de la historia local.
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