Paracotos en los primeros años del siglo XX

(por Manuel Almeida Rodríguez)

     El siglo XX llegó con el petrolero a Venezuela y junto a este llegó también la vorágine de los tiempos modernos con profundos cambios económicos y socioculturales que afectaron a cada rincón de nuestro país. Uno de los principales cambios fue en el café, fundamental para economía nacional a finales del siglo XIX y principios del XX. Este sufrió un descenso sostenido en su producción y comercialización que afectó sensiblemente a la nación y principalmente a los pueblos productores de este rubro, entre los cuales se encontraba La Guayra de Paracotos.  

                La via de conexión de este lugar era a través de Los Teques, donde además los productores arrimaban la cosecha en la estación del Gran Ferrocarril Venezuela, que era el eje comercial de toda la región. De tal modo que la decadencia de este medio de transporte mermó progresivamente la capacidad de colocación del producto. Por supuesto que hubo un fuerte ingreso de divisas por el “oro negro” pero fue ferreamente administrado por Juan Vicente Gómez y destinado a la consolidación geopolítica del territorio nacional con el desarrollo de sistemas carreteros, pensados para una economía de importación y de movilización automotriz que, paradójicamente no ayudó a los pequeños y medianos productores. De tal modo que, mientras centros urbanos como Los Teques fortalecían su papel en la interconexión nacional, los lugares como Paracotos, aunque cercanos a las ciudades, decayeron económicamente y se vieron obligados a cambiar su dinámica sociocultural. Los Paracoteños entonces vivieron una tendencia hacia lo urbano y una merma en la producción agrícola, luego con la fundación de la Autopista Regional del Centro, se hizo este lugar más cercano en relación cotidiana con Caracas y su población creció en casi 400% comparando las cifras de principios y finales de siglo.

                Paracotos también se ha tenido como pueblo de alta presencia aborigen en el imaginario regional a tal punto que, según cuenta Saul Rivas Rivas, cuando alguien exponía inocencia y campechanía le decían: “Tu como que eres indio, como que vienes de Paracotos”, ¡Eche! Esta frase, más allá del despreciable tono peyorativo, expone la idea de que este pueblo sería el último refugio de la antigua Nación Teque y a mucha honra, según mi criterio.

            Paracotos es hoy un lugar de encantos ancestrales, memorias aún por descubrir  e historias por escribir, Lugar de gente buena y Echada pa´ lante pueblo de resistencia, pueblo de añoranzas, pueblo de esperanzas, pueblo maravilloso de los Altos de Guaicaipuro.

 

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Acerca de Rieles y neblinas

Historiador, cronista de barrio, tallerista y estudioso de la historia local.
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